Un educador llamado Frank
Me fui a ver amigos, enemigos, detractores, amores, familiares, vecinos, compañeros de estudio, por ahí creo yo pude obtener una figura bastante completa de Frank. Me inspiran su carácter maravilloso, esa figura tan ontológica, tan compleja. Fue un hombre esencialmente religioso, criado en la casa de un pastor bautista, su padre, que se había acercado mucho a la Iglesia, y que hasta entraba a ella por la vía más sensible, la música, el órgano de la iglesia. También compuso música, himnos para la iglesia. Hay una carta muy bonita que deviene en poesía y que le escribió a la novia que tenía en ese momento, antes de América Domitro llamada Elia Frómeta, una santiaguera exquisitamente fina y muy bella, en la que le dice: «Tienes una rival, una rival que me ha robado el corazón por entero, que me llena en cuerpo y alma».
Está describiendo nada más y nada menos que a la patria. Esa era la rival, con la falda de rayas azules y blancas y el gorro frigio sobre su cabeza.
Diciembre nos convoca, huele a nacimientos y a muertes, huele a historia y también huele a Frank. Pero diciembre tiene un significado especial en la Revolución cubana y a su vez en las transformaciones que se generaron a partir del triunfo del 1ro de enero de 1959.
Una de estas conquistas es sin dudas, la educación. Frank País García nació en Santiago de Cuba el 7 de diciembre de 1934 pero Frank País escogió una difícil profesión. Desarrolló el magisterio y que mejor homenaje para los educadores mellenses que el reflejo de la vida de Frank mediante la instrucción y el conocimiento de un Frank más humano, vinculado al M-26 de Julio, líder del alzamiento armado del 30 de noviembre, dirigente clandestino pero que también se enamoró y cultivó en sus alumnos el amor por la historia y la libertad de Cuba.
En 1949, doña Rosario García, la madre de Frank, solicitó una beca para que su hijo, de solo 14 años ingresara a la Escuela Normal de Maestros de Oriente. Los pocos ingresos de la familia no bastaban para costearle una matrícula. Solo podían estar allí los que tuvieran alguna influencia o lograran ingresar por un examen brillante. Él no tenía influencias, pero logró realizar una prueba tan coherente y clara con unas calificaciones que hasta ese momento pocos habían logrado.
Ya como alumno en la escuela se destacaba en Matemáticas, Historia, inglés y Dibujo. No le gustaba mucho la Educación Física, pero en cuarto año comenzó a interesarse por el baloncesto. El magisterio era algo sublime para él. En los bancos de la escuela siempre se le veía repasando a alguien.
Después de los sucesos del Moncada, Frank cae preso debido a las denuncias que hace por los crímenes cometidos contra los jóvenes asaltantes. Al ser liberado, comenzó a trabajar como maestro en el colegio El Salvador del pastor bautista Agustín González, gran amigo de la familia. En sus clases enseñaba las obras de Martí, a amar a Céspedes, a Maceo y a todos nuestros próceres.
Su amor hacia Martí lo llevó a organizar un concurso titulado La rosa blanca. Estructuró su aulita como si fuera una república, y los alumnos, sus ciudadanos. Proponía a quienes debían asumir los cargos y el colectivo los aprobaba o no. La clase tenia presidente, ministros de justicia, Hacienda, Obras Públicas, Salubridad, Trabajo y Educación.
El aula de Frank, era el de mejor disciplina en el plantel. Después de finalizado el curso escolar, sus alumnos no lo vieron más. Meses después, la noticia de su muerte invadió la aulita. En septiembre de 1957 toda el aula incluso Marcela, una finalista que frecuentemente aprobaba con los puntos justos y a la cual Frank siempre invitaba a estudiar como tenía sus libretas se afanó por ganar el premio. Con el dinero del premio, Marcela y sus compañeros compraron un marco y pusieron en una de las paredes del aula el retrato de Frank. En los quince meses que todavía le quedaba a la tiranía batistiana, nadie se atrevió a descolgarlo.
Ningún tributo es más hermoso y oportuno a su memoria que recordarlo en este día con por la personalidad de Frank, pequeño de estatura, pero grande en su dimensión humana y revolucionaria, que deja, al descubierto no solo al héroe, sino también al artista, al creador que tenía en su interior.
