Una organización comunista

Para los estudiantes cubanos es un privilegio poder formar parte de la Unión de Jóvenes Comunistas. A esta organización conocida por sus siglas UJC, podían integrarse hace unos años atrás, los estudiantes que culminaban el 9no grado, pero desde hace un tiempo lo pueden hacer luego de haber concluido la enseñanza secundaria básica hasta los 29 años de edad, fecha en la que si el militante decide puede ser incluido después de un proceso en las filas del Partido Comunista de Cuba.

Los militantes de la Unión de jóvenes Comunistas no son escogidos al azar, son la representación más revolucionaria y antimperialista de los jóvenes en las escuelas y en los centros de trabajo. Su selección depende de un proceso en el cual se realizan verificaciones en los barrios, se tiene en cuenta su actitud ante el estudio, su responsabilidad, su rendimiento académico y su participación en actividades políticas, así como su preparación ideológica.
Las palabras de Fidel presentes en una de las caras del carné ilustran las condiciones que hay que tener para ser un joven comunista. Parafraseando a nuestro líder histórico el planteó que:

“Hay que tener temple para ser un joven comunista, hay que tener carácter, abnegación, vocación, hay que saber cumplir. Si se es un estudiante hay que ser inexorablemente un buen estudiante, si se es trabajador de una fábrica hay que ser obrero modelo en esa fábrica, ejemplo de un buen compañero, de sacrificio, de voluntad. Hay que ser los primeros en todo, en el trabajo, en el estudio, en los deportes, en la vida de relación con los demás compañeros.

Hoy estas palabras son la expresión cotidiana del accionar de los jóvenes y se multiplican en Mella, cuando en medio de la Plaza recibieron el carné alumnos de los 3 preuniversitarios que existen en el municipio, mientras se celebraba el 59 aniversario de la liberación del antiguo poblado de Miranda, hoy Mella.

En ese instante recordé cuando recibí el mío en el mausoleo del II Frente Oriental, allí escuchando las nanas que Vilma Espín cantaba a sus hijos, en la tierra que albergaba cientos de hombres y mujeres que ofrendaron su vida a la misma bandera que ondeaba libre ante mis ojos. No pude contener el orgullo y la admiración de ver que 9 años después otros jóvenes afrontaban el mismo desafío que yo.

Nuevamente vienen a mi memoria aquellos momentos únicos que pude compartir con mi familia y amigos, aquel momento en que establecí un compromiso moral con la patria, tuve y tengo desde entonces el reto de mantener vivas las conquistas de mi Revolución.

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