¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a entregar mi corazón

El físico alemán Albert Einstein refirió en una ocasión: “Triste época la nuestra, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Mucho tiempo ha pasado desde esta aseveración, el contexto que describió Einstein forma parte de un pasado que en la actualidad no deja de estar vigente.
Cuesta mucho desmitificar actitudes machistas, egoístas y sin sentido que aún con el paso de los años persisten.

Frases como: La juventud está perdida o esta sociedad no tiene valores, son una muestra de reacciones negativas sin el conocimiento necesario o el ir y venir de palabras entre quienes ni siquiera corrigen sus propios errores.

He visto gritar, ofender, faltar el respeto e incumplir con normas de bien público a quienes aseveran tener la voz de la experiencia y la autoridad por solo peinar canas.

Me pregunto: ¿Esto acaso los exonera de los daños e incluso del presagio, resultado de sus acciones?
Sin embargo, es más fácil señalar o repetir de forma consecutiva frases que laceran el concepto individual de los jóvenes. Esos que construyen el porvenir, lo diseñan y hasta lo pintan de color.

Esos que se atemperan como nadie a los obstáculos logrando sobreponerlos con soluciones efectivas. Esos que después de todo y en consecuencia dedican parte de su tiempo a cultivar eso que algunos dicen perdido.

Las actitudes incoherentes que no en pocas ocasiones dañan a los demás, no son el resultado de una época o los que nacen con ella. La edad no distingue en conceptos esenciales, quizá solo en filosofías o modos de actuar.
¿Desintegrar el átomo que guía el prejuicio de unos tantos es más fácil, que no confiar en ese regalo, renovación de fuerzas y espíritu que lleva por nombre?

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