Jesús Menéndez, el General de las Cañas (+Infografía y Línea del Tiempo)
Era negro como el ébano y fuerte como el acero. Tenía el nombre del Mesías, y eso fue para los trabajadores azucareros. Con apenas 15 años, se incorporó a la Invasión de Oriente a Occidente a las órdenes de Antonio Maceo. Un hombre de firme convicción , un hombre de pueblo, así fue el líder azucarero Jesús Menéndez.
Quien desde su juventud se unió a las luchas sindicales y la defensa de los obreros azucareros ,hablaba pausado y arrastraba ligeramente la erre, pero era un formidable orador, de los que encendían al auditorio con la palabra.
Gustaba del béisbol, el cine y el estrechón de manos con las gentes del pueblo. Sin haber vencido la primaria, sorprendía por la inteligencia natural y por sus discursos brillantes, capaces de ayudar a lograr el pago del diferencial azucarero, la higienización de los bateyes y otras mejoras que no cabían en cabezas latifundistas.
Antes de cumplir 14 años fue machetero machete en los cañaverales de la antigua provincia de Las Viñas- donde nació- también vendió pan, pescado o quimbombó por barrios dolidos de entonces; y llegó a ser retranquero y escogedor de tabaco.
Utilizó el seudónimo de Junio para batallar desde las filas del Partido Comunista, un riesgo tremendo en aquella época. Fue alumno-sindicalista Lázaro Peña, forjador de la Central de Trabajadores de Cuba.
Su condición de líder incorruptible y valor personal hacían del revolucionario nacido en Encrucijada, el 14 de diciembre de 1911, una persona a la que había que silenciar como fuera.
Sus luchas por el pago del Diferencial Azucarero, una medida de amplio beneficio popular, decretaron finalmente su muerte. Jesús lo sabía, pero se negaba a a aceptarlo. Así les respondió a los obreros azucareros, que intentaban protegerlo:
“¿Por qué me van a matar a mí si yo estoy defendiendo el derecho de los trabajadores y algo que además es bueno para la patria? ¿Cómo me van a matar? Mira chico, si me matan, ese diferencial hay que pagárselo a los trabajadores de todas maneras, y si me matan a mí, quedan ustedes para que sigan reclamando el diferencial azucarero”.
El 22 de enero de 1948 se cumplió el faltal designio. Esa tarde, en la estación de trenes de Manzanillo, fue asesinado de tres balazos de revólver por la espalda, y fue el capitán Joaquín Casillas quien a traición le disparó.
El cadáver del dirigente azucarero recorrió Cuba de Oriente a Occidente y en cada localidad le rindieron honores al líder proletario , su muerte fue un golpe desgarrador para el proletariado cubano , al decir de su muerte, el poeta Nicolás Guillén expresó :
“¿Quién vio caer a Jesús? Nadie lo viera, ni aún su asesino. Quedó en pie, rodeado de cañas insurrectas, de cañas coléricas (…) Jesús no está en el cielo, sino en la tierra; no demanda oraciones, sino lucha; no quiere sacerdotes, sino compañeros; no erige iglesias, sino sindicatos. Nadie lo podrá matar”.
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